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Migrantes Mexicanos y Democracia Transnacional

Migrantes mexicanos y democracia transnacional

Publicado originalmente en el quincenla La Nueva Era
Los Angeles 15 de Febrero, 2004

Antonieta Mercado

Los desplazamientos de población de un país a otro, contemporáneos de la llamada globalización, han traído consigo actividades poco usuales en distintas áreas de la vida. Uno de los fenómenos más interesantes, propios de las comunidades inmigrantes es el llamado transnacionalismo, que se extiende a todos estos ámbitos de la vida del inmigrante, y que da lugar a la creación de una esfera de intercambio entre el país de origen y el país huésped. Este intercambio se realiza a través de innumerables interacciones personales, económicas, sociales, culturales y desde luego, políticas.

En el caso de los inmigrantes mexicanos en Estados Unidos, la existencia y expansión de los llamados “clubes de oriundos” ilustra este fenómeno transnacional. Los clubes de oriundos son organizaciones filantrópicas y voluntarias que se encargan de conservar y fortalecer los lazos entre los pueblos de origen y las comunidades de destino de los inmigrantes. En Estados Unidos hay aproximadamente un millar de estos clubes de mexicanos, 250 de éstos en la ciudad de Los Ángeles. Muchas de sus actividades tienen que ver con la realización de obras y mejoras en la comunidad de origen, así como el envío de remesas y la creación de programas como el 3x1, en los que por cada dólar que envían los inmigrantes para realizar obras públicas, el gobierno federal, estatal y municipal en México, añaden otro.

En la comunidad receptora, los clubes de oriundos organizan actividades culturales y de recreación para preservar los valores familiares y sociales, así como para fortalecer los lazos comunitarios entre sí. Asimismo, estas agrupaciones ejercen funciones de seguridad social como la recaudación de fondos para atenuar la falta de recursos de los inmigrantes en cuestiones de salud y emergencias, como la muerte de familiares o amigos.

A medida que los clubes de oriundos y sus actividades (sobre todo el envío de remesas) han cobrado relevancia, la demanda por la participación política en las comunidades de origen en México ha aumentado también. Muchos opositores a esta demanda argumentan que la política que quieren ejercer los inmigrantes está orientada por la “nostalgia” de la tierra y que sería mejor que participaran en el lugar en donde viven. Aunque mucho hay de esa nostalgia, lo cierto es que existe un motivo bastante pragmático en la lucha por los derechos políticos a distancia: el de ejercer estos derechos en donde se es ciudadano y así recobrar cierto poder de negociación y salir de la posición marginal a la que conduce el movimiento y adaptación de un país a otro.

Los inmigrantes al trasladarse del Estado emisor al receptor, pierden sus derechos políticos fundamentales como el de votar y ser votados. Muchos de ellos jamás recuperarán estos derechos por distintas razones, pero la principal es el largo camino que implica la legalización e incorporación ciudadana a la comunidad receptora, así como los lazos que se siguen manteniendo con el estado expulsor. En un continente como el americano en el que la democracia es un valor fundamental, resulta paradójico que exista una población flotante de millones de inmigrantes que se encuentra incapacitada para ejercer derechos ciudadanos, máxime cuando la influencia de estos inmigrantes es clara sobre todo en el ámbito económico y de intercambio cultural.

El no tener derechos políticos para los inmigrantes implica no tener voz, no tener representación y el hecho de que siempre tendrán que ser representados a través de terceros, convirtiéndose así en ciudadanos del limbo, desplazados de los ámbitos de ejercicio democrático, comúnmente ignorados y sujetos a todo tipo de vaivenes y cambios sociales. Nadie podrá negar que ser inmigrante en Estados Unidos y no tener influencia política, es un estatus riesgoso después del 11 de septiembre.

Los logros y conquistas de cualquier grupo o movimiento social no se alcanzan solamente con la incorporación silenciosa e individual a través de las generaciones, muchos de estos logros se alcanzan subvirtiendo el orden, demandando que se reconozcan las prácticas que ya se dan de facto. De la costumbre nacen la mayor parte de las leyes. Sin duda resultará interesante la manera en que las actividades de los inmigrantes den forma al ejercicio de la democracia moderna.

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