Por Antonieta Mercado Anaya
Crecí en México escuchando la música de mis padres y viendo películas de la época de oro del cine mexicano. Muchos fines de semana, nuestra numerosa familia se reunía frente al televisor en donde éstas películas se repetían a un auditorio más o menos cautivo, ya que mucha gente en México no tenía acceso al cable. Asimismo, con índices de lectura tan bajos, de apenas un libro por año por mexicano, tampoco había acceso a los libros para así tener un espectro más amplio de modelos de conductas fuera del entorno del hogar o los medios masivos de comunicación.
A pesar de que siendo niño uno busca reflejarse en los modelos de conducta que recibe de su entorno, para las niñas como yo era difícil identificarse con las heroínas de las películas. Dichas heroínas o eran muy románticas, llenas de pureza y al final conseguían al galán quien casi siempre era Pedro Infante o Jorge Negrete.... o pertenecían a otra clase de mujeres: Las casquivanas y rumberas. Estas últimas se la pasaban más o menos bien en la pantalla, bailando y vistiendo trajes luminosos.
A decir verdad, yo prefería más a las rumberas como modelos a seguir, que a las heroínas románticas, que se la pasaban llorando y pasivamente esperando a un galán que las encontrara o eligiera. A mi parecer, las rumberas se divertían de lo lindo, bailaban, fumaban, se hablaban más o menos de tú con los varones, y eran hasta cierto punto independientes. Por lo menos eso parecia al principio de las películas, pero su situación siempre cambiaba estrepitósamente y uno descubría muy pronto en la trama que las rumberas eran asociadas a la mala vida, y castigadas al alejarlas de los ámbitos "respetables" de la moral añeja de nuestra sociedad post-colonial. Esta suerte corrían aún mis admiradas bailarinas, aunque estas fuesen virtuosas dueñas del escenario rumbero. Así es que a muchos tele espectadores a falta de otra cosa, nos tocaba estar expuestos a los modelos de conducta (y virtud) que propagaban las películas llamadas de la época de oro.
Los hombres en las películas tenían distintos papeles, desde rancheros atrabancados, hasta modernos industriales o cantantes y boxeadores barriobajeros. A todos, casi sin excepción, fueran guapos o feos, les iba bien en la película, y les tocaba casarse con la bonita del cuento, que casi siempre era o la heroína romántica o la rumbera perdida.
Pero ¿qué pasaba cuando la protagonista, la que debía quedarse con el guapo y romántico galán, se dedicaba a la rumba? ¿Cómo se resolvía el asunto de la virtud femenina sin manchar el honor ni la hombría del apuesto galán? Pues con los mitos y las fantasías del amor romántico.
En películas como está en la famosa bailarina cubana Ninón Sevilla es la protagonista, ella está siendo "rescatada" de la ignominia por algún varón que se había enamorado perdidamente de ella. Estos "rescates" se hacían de muchas formas, pero en este vídeo, se muestra el perfil romántico de la opresión patriarcal. El afamado trío Los Panchos, llega a "rescatar" a Ninón de una casa de mala nota, en la que está acompañada de otras mujeres que fuman y miran a los demás conspicuamente.
Ninón Sevilla bella y rubia, derrama lágrimas muy sentidas cuando el trío amorosamente le propina la canción de música sublime y admonitoria letra:
"Perdida, porque al fango rodaste, después que destrozaron tu virtud y tu honor".
Sin embargo, siendo rubia de buen ver y muy apta para ser protagonista de la historia de amor , la canción la reivindica (luego de apalearla remarcándole que ha perdido el honor).
¿Cómo es que sucede esta reivindicación? Prometiéndole que un hombre enamorado de ella, con el más puro sentimiento romántico, la salvará, sin importar que los demás no la bajen de una cualquiera. Así sigue la letra de nuestro "tierno" bolero:
"No importa, que te llamen perdida. Yo le daré a tu vida, que destrozó el engaño la verdad de mi amor".
Dice la narrativa romántica que el amor "todo lo soluciona" y "todo lo permite". Aquí vemos como el amor patriarcal y romántico, salva a la guapa heroína de las garras del burdel. Mientras ella, pasivamente se deja salvar pues no tiene otra escapatoria de esa vida más que aceptar las propuestas amorosas del "generoso" galán que la sacará de la "mala vida" y con su amor seguramente la destinará a un rol de respetable esposa abnegada. La heroína fuma y llora sentidamente la letra de tan terrible canción, que más bien suena a lapidarias sentencias morales sobre su conducta y que la pondrá toda la vida a merced de su "benevolente" salvador. Eso sí, muy, pero muy enamorado de ella. Al grado de componerle su bolero "Perdida" (Lost Woman).
Esas eran nuestras heroínas del cine, esos eran nuestros modelos de conducta, eso es lo que somos ahora, y nuestro comportamiento actual guarda reminiscencias de ese pasado cultural no muy lejano. A pesar de admirar a las rumberas y sus virtuosos pasos y quiebres de cadera al ritmo de mambos de Pérez Prado, aún desde niña sabía bien que no era una vida a la cual aspirar. Y francamente, incluso a las que les iba mejor, como a las de las películas, tenían que pasar por el aro de los atavismos románticos. A pesar de divertirse más, estas rumberas, si querían acceder al respetable amor de un galán, tenían (como Ninón lo hace) que aguantar llorando a machos románticos que con sus guitarras y sus sartas de acusaciones culposas, las zaherían en nombre de su inmaculado amor y les prometían traerlas al buen oficio del orden patriarcal.
Caray, luego dicen que rechazar estos modelos románticos es negar el amor...pues es que este tipo de amor sí da mucho miedo, aunque las guitarras y el acompañamiento de voces sea muy bello, los modelos sociales y de comportamiento que impone no lo son.
I live in two countries, which entail at least two dominant forms of conceiving organized society. These two countries entail a multiplicity of societies, cultures and identities on them, that do not remain contained but communicate with each other and with other worlds. I have discovered that I do not live in two worlds, but in a multiplicity of liminal spaces from where I can observe how fragile and futile it seems the dominant construction and policing of borders and difference.
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1/28/10
7/9/07
Las Utopías (Fábula)

Las Utopías*
Antonieta Mercado
San Diego, CA
Agosto 9 2007
Estaban dos utopías viendo hacia el horizonte, una, la romántica, veía en las puestas de sol la oportunidad de inspirar sueños de grandeza, de revivir esperanzas, de caldear ánimos de combate y preservación de honores añejos. La otra, de carácter realista no adjudicaba especiales atributos a las puestas de sol, eran para ella, sí, un espectáculo de la naturaleza en el cual la estética brillante de los rayos solares, le daba la oportunidad de concentrarse en los colores de la tarde y al final, ir tranquilamente, con los planes del siguiente día, a la cama. En eso, la utopía romántica le dijo a la realista: "necesitamos imbuir sueños épicos, esperanzas trascendentes que muevan cielo, tierra y universo cuando surjan, que la gente aspire a las más aventuradas ensoñaciones. Perder la razón o la vida por el amor a la mujer, a la patria o a cualquier otra cosa. Necesitamos batallas y rituales, generales con uniformes y doncellas esperándoles volver orgullosos del triunfo, o envueltos en el lábaro patrio vía al descanso eterno ganado con el honor de la justa. Muerte por convicción, épicas batallas con sus correspondientes rituales de glorificación. Estamos cortos de sueños y los que se podían conseguir en los mass media, poco a poco han menguado su significado."
La utopía realista le dijo: "no me tome el pelo. Lo que verdaderamente necesitamos es un plan de acción razonable, un modelo de desarrollo ecuánime y mesurado, no sus sueños de grandeza que solo han traído infortunios y desilusiones. Necesitamos administrar acciones, balancear presupuestos, reparar daños. Hacer un plan para el progreso gradual. Este plan contará con medidas para reprimir los sueños de grandeza, los deseos de adoración y narcisismo. Además, como una prueba de nuestro compromiso con la mesura, proponemos la eliminación de los pedestales."
En esas estaban cuando llegó un sueño inoportuno y las increpó: ¿qué van a hacer ustedes por la humanidad? Las utopías han dejado de estar a la moda. Ya no se venden ni en barata. La gente simplemente ha dejado de creerlas. Han perdido su atractivo. Ni el dictador más fuera de sí propondría ahora una utopía cien por ciento romántica. Y en cuanto a ti realista, ni siquiera el director del Banco Mundial se atrevería a administrar un modelo falto de grandilocuencia. Seguiremos alternando entre las dos, pero no se llamarán utopías nunca más. La última utopía totalizadora se produjo en la Unión Soviética, y miren lo que pasó después: Stalin se encargó de borrar a los utópicos de las fotos poco a poco, a medida de que los eliminaba del mapa también."
Las dos utopías se miraron fijamente, ante la contundencia del sueño inoportuno, aceptaron su condición transitoria y su contexto contemporáneo de anquilosamiento. Una vez aliviadas de la carga de inspirar proyectos de vida y muerte, las utopías decidieron invertir sus pensiones de retiro en la bolsa. Contentas las dos adquirieron acciones en The Happiest Place on Earth para ver, por lo menos, algunos de sus anteriores sueños llevados a la práctica aunque fuera en maqueta. La inversión tuvo mucho éxito y las utopías se retiraron millonarias a vivir una vida disipada.
* Fábula inspirada en el Catecismo para Indios Remisos de Carlos Monsiváis.
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