El siguiente artículo de Carlos Monsiváis es una verdadera joya respecto a la celebración del Bicentenario de nuestra "independencia" (y aquí le hago al arte del inmarcesible entrecomillado, así como dice Monsi).
CARLOS MONSIVAIS
EL UNIVERSAL, 1 de julio, 2007
http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/37978.html
Simposio neoplatónico de estu-diosos del Estado, la Historia y la Celebración de Bicentenarios. Sesión plenaria.Tíbulo Godínez (politólogo): Yo creo, humildemente, que un plazo adecuado para formarse un juicio histórico objetivo es 400 años. Antes de ese lapso, no hay juicios que se puedan tomar en cuenta sobre los estadistas, hay opiniones ligeras, infundadas, volátiles, o, lo que es peor, populistas, es decir subversivas. Por eso, y en relación a los gobernantes que han guiado a esta República, propongo que se les declare a todos inmarcesibles, y no se revise su expediente definitivo sino dentro de dos siglos, cuando el pueblo se haya serenado.
Adulatio Romualdo (periodista entregado a la noble causa del entrecomillado): Esa es una idea genial. Otra es pedir que mientras llega el juicio histórico, iniciemos la venta de los Bonos del Ahorro Ideológico para acumular energía y nobleza de raciocinio. Bonos del Ahorro Ideológico. Usted se abstiene de pensar y México no se polariza.
Enjundioso Gómez (Brillante exponente de los ideales de castidad que dinamizarán la familia mexicana): Si se quiere entrarle al tema, estamos a la mitad del camino, a un paso del Bicentenario de la Independencia de la República, que 2010 acogerá en su santo seno. ¡Imagínense! Hace casi doscientos años el señor sacerdote Miguel Hidalgo abrió los ojos por vez primera.
Ramiro Villa Rica (Historiador de buena cuna aunque ya salió de ella y caminó un buen trecho): Quizás por la extrema juventud de sus cuarenta abriles, amigo Enjundioso, está algo confundido. El Bicentenario es el de la Independencia, el cura Hidalgo nació antes.
Enjundioso: Eso de nacer antes es protagonismo. Por decreto, los héroes deberían nacer el mismo día de sus hazañas para que fueran al mismo tiempo Padres e Hijos de la Patria... Como sea, propongo que el Bicentenario sea de puros festejos, y que las críticas, como se ha dicho, se pospongan dos siglos.
Ana Crónica (encargada oficial de la Crónica del Bicentenario): ¡Gran idea! ¡Nada de echarle nada en cara a Santa Anna, Porfirio Díaz y el PRI (éste último mientras no se apruebe la reforma fiscal).
* * *
Fúlgido Lumen (político de la vieja generación): De lo que se trata es de evitar las injusticias. Fíjense en el caso de don Abelardo Rodríguez, que fue Presidente de la República. Nadie lo reivindica como héroe patrio y sin embargo, sólo un irresponsable afirmaría que vendió Aguascalientes a los japoneses. Esa es la prueba de fuego. Si no hay documentación al respecto, don Abelardo es inocente, nunca vendió Aguascalientes a los chinos y nada más por eso merece una estatua... Ahora, como ya nadie lo recuerda, se le puede vender el espacio de la estatua a Wal-Mart.
Adámico Hervor (Empresario de la nueva generación y por ello mismo senador): Si de algo va a servir el Bicentenario es para darle empleo al taller de escultura cívica Don Sebas. ¡Estatuas para todos!
Ínclito Valet (memorioso de café): Un problema colateral es si procede o no levantarle estatuas en vida a los héroes gubernamentales, gobernadores, senadores y diputados incluidos. Por cierto, la definición de héroe: cobra en la nómina y con dignidad.
Adulatio: ¿Por qué va a ser un problema? Si son héroes merecen reconocimiento, y no hay reconocimiento sin pedestal, y el pedestal no sirve de nada sin la estatua. Y sin las estatuas nadie recordaría el origen histórico de los pedestales.
Ínclito Valet: Yo lo decía porque ha subido mucho el precio del cemento y el bronce. (Examina los rostros furiosos a su alrededor) Tiene razón, me retracto, me olvidé del negocio.
Efeméride Lustrosa (Reportera de sociales): Pero si debemos esperar que el juicio histórico llegue, y éste tarda dos siglos, ¿a qué hora no será precipitado levantar estatuas?
Adulatio: Que sean estatuas provisionales que duren siglo y tres cuartos. Ya cuando sea la época del juicio histórico las cubrimos. O a la mejor, Dios no lo quiera, las cubren nuestros descendientes. Si el juicio es positivo, se descorre el velo; si es negativo, se le cambia la cabeza al héroe por la de otro que aguarde turno.
Efeméride Lustrosa: ¡Qué bonito! Eso liquidará para siempre a las equivocaciones históricas. ¿Y cuáles serían los motivos de honra escultórica?
Fúlgido Lumen: Que salvó a la Patria en horas de angustia, que salvó a la Patria en horas de felicidad, que se olvidó de la Patria en horas de asueto, que construyó el México moderno, que restauró el México antiguo, que no hizo ninguna de ambas cosas, que soñó con un México justo, que tuvo pesadillas con un México injusto, que fue leal a su vocación republicana. Que se aprendió de memoria la Constitución de la República y luego murió de meningitis.
Adulatio: ¿Y cuántas estatuas serán necesarias para calmar la sed de gratitud de la Nación?
Lámpara Votiva: Calculen 102,604 por sexenio, con dos o tres reemplazos por accidente moral.
Todos (en voz baja): Qué bien hicimos en asociarnos en esta empresa de estatuaria cívica.
* * *
Aurora Descollante (politóloga, ex–priísta, ex–musa de la sociedad civil): Volvamos a lo del Bicentenario, hay que tener un proyecto, o por lo menos un anteproyecto, un croquis, un boceto, un lista de sillones ad hoc, algo. Démonos prisa porque como Poder Legislativo del partido en el poder representamos al Poder Ejecutivo e intuimos el Poder Judicial.
Todos: ¡De prisa, de prisa! ¡A corretear al tiempo!
Aurora Descollante: ¿Ya fijamos el plazo?
Adulatio: ¡Claro! De aquí a unos años nos vemos aquí mismo, pero ya tardecito.
* * *
Lámpara Votiva: ¿Y a qué héroes hay que darles prioridad?
Eterna Brega (Historiador e instructor de natación en el Popo): Aquí está mi lista: el virrey O’Donojú, Agustín de Iturbide, Lucas Alamán, López de Santa Anna (nos salvó de tener que gobernar Texas, California, Nuevo México, etcétera), Miramón, Maximiliano (conjunto escultórico), Mejía, Porfirio Díaz (tres conjuntos escultóricos), Francisco I. Madero (una banca en La Alameda), Miguel Alemán (seis conjuntos escultóricos y la reposición de la estatua en Ciudad Universitaria), Vicente Fox (un rancho escultórico y una megabiblioteca de bolsillo)...
Todos: ¡Gran catálogo! ¡Viva el Bicentenario!
Escritor
I live in two countries, which entail at least two dominant forms of conceiving organized society. These two countries entail a multiplicity of societies, cultures and identities on them, that do not remain contained but communicate with each other and with other worlds. I have discovered that I do not live in two worlds, but in a multiplicity of liminal spaces from where I can observe how fragile and futile it seems the dominant construction and policing of borders and difference.
7/20/07
Conciencia y Guerra: El Leviatan en Boga

Werner Horvath Thomas Hobbes "Leviathan"
CONCIENCIA Y GUERRA:
El Leviatán en boga
(Publicado Originalmente en el periódico La Opinión 29 de diciembre 2002)
Hoy más que nunca es necesario someter la idea de la guerra a un fuerte escrutinio científico y generar nuevas formas de pensamiento que nos permitan comprenderla sin justificarla de forma mística o ideológica.
ANTONIETA MERCADO
El concepto de derecho internacional
carece de sentido si se interpreta
como un derecho para ir a la guerra.
Emmanuel Kant, La Paz Perpetua
En las últimas décadas los avances científicos han desafiado la vieja idea de que la conciencia humana era algo misterioso e impenetrable, discernible únicamente por revelaciones de iniciados que alcanzaban el éxtasis espiritual o por algunos magros triunfos del psicoanálisis. Los avances en neurología han demostrado que la conciencia es un fenómeno biológico que se puede estudiar directamente y lo más fascinante es que se puede estudiar desde otra conciencia.
Es casi cierto que inauguraremos este año nuevo con una guerra en contra de Irak y que muchos ven este suceso como inevitable, como una parte de la naturaleza humana que responde legítimamente con violencia a otra violencia real o imaginaria. Nuestros estados-nación modernos están constituidos por nociones sobre la naturaleza humana que provienen tanto de los clásicos como de la escuela del derecho natural, Rousseau, Hobbes, Locke, Montesquieu y Kant son algunos de los exponentes de esta escuela de pensamiento. Estos filósofos concibieron los fundamentos del Estado-nación a partir de hipotéticos estados naturales en los que el ser humano era inicialmente inocente y bueno (como el caso de Rousseau) o perverso (como en el caso de Hobbes).
La sociedad según la teoría del derecho natural, se forma por un contrato celebrado por individuos que renuncian a su estado original para constituir un poder social que les permita vivir en comunidad. Aquí la idea de Hobbes ha predominado en la constitución de nuestros modernos estados-nación. Esta teoría se basa fundamentalmente en la naturaleza violenta y perversa del ser humano que lo conduce a un permanente estado de guerra. De ahí la necesidad de un Leviatán o Estado que monopolice el uso de la violencia para garantizar la paz a los individuos que lo componen. El terrorismo es una forma de desafiar este contrato inicial al utilizar nuevamente la violencia original en contra del Estado y del bien común. Por eso es moralmente bueno erradicarlo con el uso de más violencia.
¿No será esta concepción de la guerra, la violencia y la naturaleza humana de la misma índole que el autoengaño milenario sobre la impenetrabilidad de nuestra conciencia? ¿De veras será inherente al ser humano la permanente condición de guerra? ¿O nos hemos autoengañado en una perpetua retroalimentación generada por la conciencia y difundida por la sociedad, la cultura y los medios de comunicación?
Quizá los motivos de la guerra sean más de carácter retórico que natural. Cuando la concepción del Estado moderno se basa predominantemente en los conceptos hobessianos en los que el ser humano es inherentemente malo y violento por naturaleza y predomina la famosa frase del Leviatán en la que se estipula que el hombre es el lobo del hombre, flaco favor se hace al lobo como al hombre al perpetuar ciegamente esta idea.
Cuando parece ser que el único recurso que nos queda es la guerra es cuando más necesitamos preguntarnos sobre la veracidad de nuestra predisposición a la violencia individual y colectiva. Recientemente se hizo un estudio en Francia y Estados Unidos en el que se preguntaba a varios centenares de jóvenes sobre la inevitabilidad de la guerra.
Aquellos que creían que la violencia era inherente a la naturaleza humana, tendían a pensar que la guerra era inevitable y a resignarse cuando esta aparecía. Por el contrario, aquellos que no creían en la guerra como un valor intrínseco, creían que sí se podía evitar. De igual manera, muchos de los miembros de grupos pacifistas, inician actividades en contra de la guerra como producto de la frustración y el enojo ante la violencia de estado.
También existe la creencia que la guerra es el mejor estado para demostrar valor, heroísmo y moralidad. Mientras que durante los periodos de paz el heroísmo se pierde en actos rutinarios y monótonos. Las guerras son periodos de alto contenido ideológico que sirven para generar traumáticos pero memorables eventos y gloriosas anécdotas que dan cuenta del valor y habilidades de los combatientes.
Todas estas creencias nos llevan a aceptar la guerra como inevitable y la paz como un estado transitorio entre guerra y guerra, en el que nos preparamos para un devenir heroico, o peor, como una utopía inalcanzable producto de ensoñaciones de pacifistas trasnochados. Después de todo los tiempos de paz no hacen tantas noticias y hay menos estatuas y monumentos para los héroes de la vida cotidiana. En tiempos de paz, los enemigos son menos evidentes, pero no menos letales. Nos cuesta trabajo galardonar el heroísmo de todos los días, los pequeños avances en el conocimiento de la humanidad son difíciles de expresar retóricamente, los estrategas de las batallas en contra del miedo, de la enfermedad, de la ignorancia, la pobreza o la discriminación, reciben menos loas que los estrategas de una gresca militar.
Quizá habría que repensar la guerra como una construcción social, como un acto consciente y no inherente al ser humano. Revertir la idea de que la guerra y la violencia son inevitables y estudiarlas como otros fenómenos antes tabú como la bioquímica de la conciencia. Hoy más que nunca es necesario someter la idea de la guerra a un fuerte escrutinio científico y generar nuevas formas de pensamiento que nos permitan comprenderla sin justificarla de forma mística o ideológica.
Tal vez necesitamos desarrollar otras fuentes para generar orgullo y gallardía, utilizando recursos similares a los que han propagado a la guerra como salvación del tedio y arena absolutamente necesaria de la manifestación del heroísmo humano. Quizá el conocimiento científico nos ayude a descubrir que la guerra es un pretexto para demostrar valor y fuerza y que necesitamos estados, gobiernos y sociedades que abandonen la idea hobbesiana y que vean los recursos de la violencia y la guerra como últimos y vergonzosos actos ajenos a nuestra naturaleza. Tal vez la retórica y la propaganda ayuden entonces a la ciencia a proliferar la noción de la guerra y la violencia como fenómenos sociales indeseables y por tanto evitables.
Antonieta Mercado se especializa en comunicación y análisis político.
Los Valores Familiares y la Economia
La Economía y la Apropiación de los Valores Familiares
Antonieta Mercado
En un automóvil en Los Angeles recientemente vi un pegote que decía: “Los Republicanos, Guardianes de los Valores Familiares”. Generalmente los políticos conservadores cimentan sus campañas en el fomento a la moral. Muchos de estos políticos ven con recelo a sus contrincantes liberales, que según ellos, no se preocupan por la sociedad y la familia.
El mismo presidente George W. Bush durante su campaña, utilizó preceptos morales como bandera política y recriminó los actos de su predecesor, William Clinton. El linchamiento de los conservadores hacia Clinton debido al escándalo Lewinsky, constituyó el reinicio de una cruzada política por los valores.
En una encuesta de la empresa Zogby después de las elecciones de noviembre pasado, los votantes identificaban al partido Republicano como el mayor promotor de los valores familiares. En California, el 42 por ciento de las personas creía que los republicanos se preocupaban por éstos, contra sólo el 31 por ciento de los demócratas.
El ex vicepresidente republicano Dan Qualye, criticaba hace unos años el programa Murphy Brown, en donde una mujer soltera y exitosa decidía tener un hijo sin casarse. Qualye decía que era un error mostrar un patrón distinto al de la familia tradicional: el padre, la madre y los hijos, porque esto perjudicaba los valores.
Para muchos conservadores la principal amenaza a la moral fue la aparición de movimientos feministas, homosexuales o por el derecho al aborto. Generalmente no asocian la estabilidad económica con la preservación de la unidad familiar y los valores. Valdría la pena determinar si el hecho de que el padre o la madre pierdan el empleo, afecta más a la unidad familiar, que enterarse que el vecino es homosexual.
Sin embargo, no hay una definición clara sobre lo que éstos valores significan y esto oscurece la discusión sobre los efectos de una economía sana en el bienestar familiar. Si entendemos la unidad y el sustento de la familia como condiciones necesarias para preservar la estructura de valores, comprobaremos que las políticas económicas de esta administración dejan mucho que desear al respecto.
Desde hace un par de años, la familia promedio en Estados Unidos ha visto amenazada su estabilidad económica. Esta merma fomenta la inestabilidad del espacio real en donde conviven los sujetos que personalizan la moral. Reconocer que es la familia la que resiente el impacto de las políticas económicas es tomar en cuanta el bienestar material de la sociedad.
En los últimos tres años, se ha perdido un trillón de dólares en pensiones para jubilados debido a la caída en la bolsa. Esta incertidumbre, aunada a los escándalos corporativos, ha costado millones de empleos que afectan directamente a los norteamericanos. El desempleo abierto pasó de 3.9 por ciento en octubre del año 2000 a 6.1 en este mes de junio. Aunque esta cifra podría bien rebasar el 10 por ciento, debido a las personas que han dejado de buscar empleo por desmotivación.
Los recortes de impuestos no han redundado en un repunte económico. Cuando se pidió una disminución a estos recortes después de la guerra, se eliminaron los cortes de impuestos a los pobres, pero las millonarias ganancias de los ricos quedaron intactas, como se había acordado en el paquete inicial.
Además, los recientes recortes en el presupuesto federal han sumido a muchos estados como California en un déficit incontrolable. Esto se ha traducido en el cierre de clínicas, servicios de emergencia y escuelas, así como el despido de maestros y trabajadores de la salud, mientras el magro presupuesto se destina a seguridad.
La incertidumbre económica en el nivel macro, genera diferentes tipos de problemas sociales. La micro esfera en donde estos problemas se manifiestan es la familia. Sus miembros tienen que vivir el desempleo o subemplearse, posponer tratamientos médicos, educación de los hijos, aplazar el retiro, buscar programas de asistencia. La economía cimentada en dos terceras partes en el gasto del consumo, tiene un lado perverso, pues la confianza es volátil y se genera por supuesto en la robustez o debilidad de la economía familiar, ni más ni menos.
Permitir el paulatino deterioro material de esta esfera social primaria que es la familia, desaparecerá la parcela de disputa de los aclamados valores. La próxima vez que algún político clame su defensa, habrá que preguntarle si tiene un plan concreto para la preservación de la economía y el bienestar social como condición previa para la aparición de los valores familiares que defenderá.
Antonieta Mercado
En un automóvil en Los Angeles recientemente vi un pegote que decía: “Los Republicanos, Guardianes de los Valores Familiares”. Generalmente los políticos conservadores cimentan sus campañas en el fomento a la moral. Muchos de estos políticos ven con recelo a sus contrincantes liberales, que según ellos, no se preocupan por la sociedad y la familia.
El mismo presidente George W. Bush durante su campaña, utilizó preceptos morales como bandera política y recriminó los actos de su predecesor, William Clinton. El linchamiento de los conservadores hacia Clinton debido al escándalo Lewinsky, constituyó el reinicio de una cruzada política por los valores.
En una encuesta de la empresa Zogby después de las elecciones de noviembre pasado, los votantes identificaban al partido Republicano como el mayor promotor de los valores familiares. En California, el 42 por ciento de las personas creía que los republicanos se preocupaban por éstos, contra sólo el 31 por ciento de los demócratas.
El ex vicepresidente republicano Dan Qualye, criticaba hace unos años el programa Murphy Brown, en donde una mujer soltera y exitosa decidía tener un hijo sin casarse. Qualye decía que era un error mostrar un patrón distinto al de la familia tradicional: el padre, la madre y los hijos, porque esto perjudicaba los valores.
Para muchos conservadores la principal amenaza a la moral fue la aparición de movimientos feministas, homosexuales o por el derecho al aborto. Generalmente no asocian la estabilidad económica con la preservación de la unidad familiar y los valores. Valdría la pena determinar si el hecho de que el padre o la madre pierdan el empleo, afecta más a la unidad familiar, que enterarse que el vecino es homosexual.
Sin embargo, no hay una definición clara sobre lo que éstos valores significan y esto oscurece la discusión sobre los efectos de una economía sana en el bienestar familiar. Si entendemos la unidad y el sustento de la familia como condiciones necesarias para preservar la estructura de valores, comprobaremos que las políticas económicas de esta administración dejan mucho que desear al respecto.
Desde hace un par de años, la familia promedio en Estados Unidos ha visto amenazada su estabilidad económica. Esta merma fomenta la inestabilidad del espacio real en donde conviven los sujetos que personalizan la moral. Reconocer que es la familia la que resiente el impacto de las políticas económicas es tomar en cuanta el bienestar material de la sociedad.
En los últimos tres años, se ha perdido un trillón de dólares en pensiones para jubilados debido a la caída en la bolsa. Esta incertidumbre, aunada a los escándalos corporativos, ha costado millones de empleos que afectan directamente a los norteamericanos. El desempleo abierto pasó de 3.9 por ciento en octubre del año 2000 a 6.1 en este mes de junio. Aunque esta cifra podría bien rebasar el 10 por ciento, debido a las personas que han dejado de buscar empleo por desmotivación.
Los recortes de impuestos no han redundado en un repunte económico. Cuando se pidió una disminución a estos recortes después de la guerra, se eliminaron los cortes de impuestos a los pobres, pero las millonarias ganancias de los ricos quedaron intactas, como se había acordado en el paquete inicial.
Además, los recientes recortes en el presupuesto federal han sumido a muchos estados como California en un déficit incontrolable. Esto se ha traducido en el cierre de clínicas, servicios de emergencia y escuelas, así como el despido de maestros y trabajadores de la salud, mientras el magro presupuesto se destina a seguridad.
La incertidumbre económica en el nivel macro, genera diferentes tipos de problemas sociales. La micro esfera en donde estos problemas se manifiestan es la familia. Sus miembros tienen que vivir el desempleo o subemplearse, posponer tratamientos médicos, educación de los hijos, aplazar el retiro, buscar programas de asistencia. La economía cimentada en dos terceras partes en el gasto del consumo, tiene un lado perverso, pues la confianza es volátil y se genera por supuesto en la robustez o debilidad de la economía familiar, ni más ni menos.
Permitir el paulatino deterioro material de esta esfera social primaria que es la familia, desaparecerá la parcela de disputa de los aclamados valores. La próxima vez que algún político clame su defensa, habrá que preguntarle si tiene un plan concreto para la preservación de la economía y el bienestar social como condición previa para la aparición de los valores familiares que defenderá.
7/18/07
El Agro Mexicano, Debacle en el Aniversario del TLC
El Agro Mexicano, Debacle en el Aniversario del TLC
Antonieta Mercado
Diciembre, 2002
El pasado 9 de diciembre se reunieron en la ciudad de Washington, D. C. los ex primer mandatarios George Bush de Estados Unidos, Brian Mulroney de Canadá y Carlos Salinas de Gortari de México, para conmemorar los diez años de la firma del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica, que conformó uno de los bloques económicos más importantes del mundo. Cabe recordar que el TLC entró en vigor más de un año después de la firma, el 1 de enero de 1994, fecha en que también dio inicio el levantamiento de campesinos indígenas en Chiapas en protesta por la implementación del tratado. El conflicto en Chiapas, a la fecha sigue sin resolverse.
Según informes de la reunión, el balance general del TLC es positivo: George Bush –padre del ahora presidente George W. Bush— dijo que en Estados Unidos se crearon nuevos empleos de mejor calidad y no “huyeron” masivamente los empresarios al sur de la frontera en busca de mano de obra barata, como lo pronosticara el entonces candidato independiente a la presidencia y opositor del TLC, Ross Perot.
Brian Mulroney, también impulsor del TLC, estuvo de acuerdo con Bush y añadió que los vaticinios de desastre –que incluían la fuga de oportunidades y capitales de Canadá hacia México—nunca ocurrieron y que su país también se ha beneficiado del Tratado al diversificar su economía. Mulroney mencionó marginalmente prácticas desiguales por parte Estados Unidos, tales como los blindajes económicos a productos del campo.
El ex presidente mexicano Carlos Salinas, reconoció también los beneficios del Tratado para México, aunque no perdió oportunidad para aprovechar el foro y comentar sobre la política interna de su país y criticar a su sucesor, el último presidente priísta, Ernesto Zedillo, por los problemas económicos que enfrentó México durante la segunda mitad de los años noventa. Salinas mencionó que el TLC amortiguó la crisis económica mexicana causada por el llamado “error de diciembre de 1994” atribuido por Salinas a Zedillo.
Se puede decir que el TLC redujo la dependencia económica de México de la exportación de hidrocarburos al impulsar la exportación y puso a este país en posición de recibir la ayuda financiera estadounidense durante la fuerte crisis económica de 1995. Sin embargo, menos del 30 por ciento de los mexicanos reconoce avances sustanciales en la economía, de acuerdo con datos de una encuesta realizada por el Centro Internacional Woodrow Wilson, mientras 48 por ciento de los estadounidenses y 38 por ciento de los canadienses mencionaron que el TLC fue benéfico para la economía de sus países.
De acuerdo con datos del Banco Mundial, la producción per cápita en México se estancó en la última década y las exportaciones de manufacturas se deben principalmente a las empresas transnacionales que ubicaron sus plantas en México. Muchas de estas empresas han comenzado a emigrar a China, en donde la mano de obra es considerablemente más barata.
Aunque Carlos Salinas mencionó la urgencia de negociar un acuerdo migratorio en el marco del TLC, poco se dijo en el encuentro de una de las causas de la migración de mexicanos a Estados Unidos: la devastación del campo y las condiciones originales de negociación del tratado que pusieron en desventaja a los campesinos mexicanos que han sido obligados a competir con la poderosa industria agrícola norteamericana. El agro mexicano, que trabaja con tecnología pre-industrial y que utiliza riego de temporal, no ha superado las desventajas originales que enfrentaba al inicio del TLC.
La devastación del campo mexicano ha llevado a muchos campesinos a abandonar las actividades agrícolas y sus terruños y emigrar al norte, mientras los productos que podrían cultivar en sus parcelas, llegan del exterior a precios sin competencia. Esta situación ha acentuado el problema migratorio. Simplemente en la última década, que coincide con la firma del TLC, han emigrado más de tres millones de mexicanos a Estados Unidos, treinta por ciento más que en la década anterior, de acuerdo a datos del Consejo Nacional de Población, aunque se estima que la cifra es mayor.
Esto no es poca cosa, pues se ha puesto en juego la producción de alimentos y y el bienestar de la población. México, de haber sido un país relativamente autosuficiente en la agricultura apenas hace una década, ha pasado a ser dependiente de las importaciones, incluso de granos básicos. Recientemente el maíz, producto base de la alimentación nacional, se ha sumado a la larga lista de importaciones agrícolas.
No todos en México han sido afectados por este cambio económico, algunos intermediarios y empresarios importadores de alimentos han amasado considerables fortunas. Empresas mexicanas, tales como Maseca y Bimbo, que distribuyen alimentos y compran granos de trigo y maíz baratos en el exterior, se han beneficiado con la forma que ha tomado la producción agrícola en el marco del tratado. Mientras los campesinos productores de granos básicos, así como los piñeros y azucareros entre otros, carecen de incentivos y apoyos para competir con un mercado externo excesivamente protegido y financiado y de alta tecnología, como lo es el agro estadounidense.
Los productores agrícolas estadounidenses han utilizado el TLC en su beneficio y han bloqueado en muchos casos el flujo de productos mexicanos a este país. Un ejemplo claro es el caso del aguacate mexicano, producto casi ilegal en California, estado en el que los productores locales han bloqueado su importación con el argumento de constantes “plagas” en un producto con el que no pueden competir.
El anterior es sólo un ejemplo de dudosas prácticas de bloqueo y blindaje económico que no son sancionadas dentro del TLC. Esto se acentuará a partir del 1 de enero del 2003, al dar inicio la llamada “cuarta etapa” de este acuerdo comercial, en la que entrará en vigor la liberalización de aranceles en el sector agropecuario. Esta “liberalización” significa una sentencia de muerte para muchos productores mexicanos, sobre todo en el caso de los maiceros, que han perdido la esperanza de una recuperación.
El problema migratorio al que aludió Salinas en el aniversario de la firma del tratado, es una de las tantas caras que muestra el empobrecimiento de la población de México ante un modelo económico desfavorable que ni el “liberalismo social” que trató de revivir en su discurso en Washington, pudo combatir. Este tampoco es el único problema en la agenda pendiente ente México y Estados Unidos. El fracaso en el campo mexicano es la combinación de prácticas ilegales dentro del TLC y un excesivo optimismo de los beneficios de este acuerdo por sí sólo, así como el desdén de la política económica mexicana hacia agricultores. Mientras la política económica de México siga calificando como “avance” la proliferación de empresas importadoras de productos agrícolas y no implemente una efectiva defensa de sus campesinos productores, seguirá habiendo ocasión para observar el agravamiento del problema migratorio y recordar adaptaciones ideológicas del neoliberalismo que una vez más demuestra su ineficacia para mejorar los problemas del tercer mundo.
Este artículo apareció originalmente publicado en el diario La Opinión de Los Angeles, el 15 de diciembre del 2002
Antonieta Mercado
Diciembre, 2002
El pasado 9 de diciembre se reunieron en la ciudad de Washington, D. C. los ex primer mandatarios George Bush de Estados Unidos, Brian Mulroney de Canadá y Carlos Salinas de Gortari de México, para conmemorar los diez años de la firma del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica, que conformó uno de los bloques económicos más importantes del mundo. Cabe recordar que el TLC entró en vigor más de un año después de la firma, el 1 de enero de 1994, fecha en que también dio inicio el levantamiento de campesinos indígenas en Chiapas en protesta por la implementación del tratado. El conflicto en Chiapas, a la fecha sigue sin resolverse.
Según informes de la reunión, el balance general del TLC es positivo: George Bush –padre del ahora presidente George W. Bush— dijo que en Estados Unidos se crearon nuevos empleos de mejor calidad y no “huyeron” masivamente los empresarios al sur de la frontera en busca de mano de obra barata, como lo pronosticara el entonces candidato independiente a la presidencia y opositor del TLC, Ross Perot.
Brian Mulroney, también impulsor del TLC, estuvo de acuerdo con Bush y añadió que los vaticinios de desastre –que incluían la fuga de oportunidades y capitales de Canadá hacia México—nunca ocurrieron y que su país también se ha beneficiado del Tratado al diversificar su economía. Mulroney mencionó marginalmente prácticas desiguales por parte Estados Unidos, tales como los blindajes económicos a productos del campo.
El ex presidente mexicano Carlos Salinas, reconoció también los beneficios del Tratado para México, aunque no perdió oportunidad para aprovechar el foro y comentar sobre la política interna de su país y criticar a su sucesor, el último presidente priísta, Ernesto Zedillo, por los problemas económicos que enfrentó México durante la segunda mitad de los años noventa. Salinas mencionó que el TLC amortiguó la crisis económica mexicana causada por el llamado “error de diciembre de 1994” atribuido por Salinas a Zedillo.
Se puede decir que el TLC redujo la dependencia económica de México de la exportación de hidrocarburos al impulsar la exportación y puso a este país en posición de recibir la ayuda financiera estadounidense durante la fuerte crisis económica de 1995. Sin embargo, menos del 30 por ciento de los mexicanos reconoce avances sustanciales en la economía, de acuerdo con datos de una encuesta realizada por el Centro Internacional Woodrow Wilson, mientras 48 por ciento de los estadounidenses y 38 por ciento de los canadienses mencionaron que el TLC fue benéfico para la economía de sus países.
De acuerdo con datos del Banco Mundial, la producción per cápita en México se estancó en la última década y las exportaciones de manufacturas se deben principalmente a las empresas transnacionales que ubicaron sus plantas en México. Muchas de estas empresas han comenzado a emigrar a China, en donde la mano de obra es considerablemente más barata.
Aunque Carlos Salinas mencionó la urgencia de negociar un acuerdo migratorio en el marco del TLC, poco se dijo en el encuentro de una de las causas de la migración de mexicanos a Estados Unidos: la devastación del campo y las condiciones originales de negociación del tratado que pusieron en desventaja a los campesinos mexicanos que han sido obligados a competir con la poderosa industria agrícola norteamericana. El agro mexicano, que trabaja con tecnología pre-industrial y que utiliza riego de temporal, no ha superado las desventajas originales que enfrentaba al inicio del TLC.
La devastación del campo mexicano ha llevado a muchos campesinos a abandonar las actividades agrícolas y sus terruños y emigrar al norte, mientras los productos que podrían cultivar en sus parcelas, llegan del exterior a precios sin competencia. Esta situación ha acentuado el problema migratorio. Simplemente en la última década, que coincide con la firma del TLC, han emigrado más de tres millones de mexicanos a Estados Unidos, treinta por ciento más que en la década anterior, de acuerdo a datos del Consejo Nacional de Población, aunque se estima que la cifra es mayor.
Esto no es poca cosa, pues se ha puesto en juego la producción de alimentos y y el bienestar de la población. México, de haber sido un país relativamente autosuficiente en la agricultura apenas hace una década, ha pasado a ser dependiente de las importaciones, incluso de granos básicos. Recientemente el maíz, producto base de la alimentación nacional, se ha sumado a la larga lista de importaciones agrícolas.
No todos en México han sido afectados por este cambio económico, algunos intermediarios y empresarios importadores de alimentos han amasado considerables fortunas. Empresas mexicanas, tales como Maseca y Bimbo, que distribuyen alimentos y compran granos de trigo y maíz baratos en el exterior, se han beneficiado con la forma que ha tomado la producción agrícola en el marco del tratado. Mientras los campesinos productores de granos básicos, así como los piñeros y azucareros entre otros, carecen de incentivos y apoyos para competir con un mercado externo excesivamente protegido y financiado y de alta tecnología, como lo es el agro estadounidense.
Los productores agrícolas estadounidenses han utilizado el TLC en su beneficio y han bloqueado en muchos casos el flujo de productos mexicanos a este país. Un ejemplo claro es el caso del aguacate mexicano, producto casi ilegal en California, estado en el que los productores locales han bloqueado su importación con el argumento de constantes “plagas” en un producto con el que no pueden competir.
El anterior es sólo un ejemplo de dudosas prácticas de bloqueo y blindaje económico que no son sancionadas dentro del TLC. Esto se acentuará a partir del 1 de enero del 2003, al dar inicio la llamada “cuarta etapa” de este acuerdo comercial, en la que entrará en vigor la liberalización de aranceles en el sector agropecuario. Esta “liberalización” significa una sentencia de muerte para muchos productores mexicanos, sobre todo en el caso de los maiceros, que han perdido la esperanza de una recuperación.
El problema migratorio al que aludió Salinas en el aniversario de la firma del tratado, es una de las tantas caras que muestra el empobrecimiento de la población de México ante un modelo económico desfavorable que ni el “liberalismo social” que trató de revivir en su discurso en Washington, pudo combatir. Este tampoco es el único problema en la agenda pendiente ente México y Estados Unidos. El fracaso en el campo mexicano es la combinación de prácticas ilegales dentro del TLC y un excesivo optimismo de los beneficios de este acuerdo por sí sólo, así como el desdén de la política económica mexicana hacia agricultores. Mientras la política económica de México siga calificando como “avance” la proliferación de empresas importadoras de productos agrícolas y no implemente una efectiva defensa de sus campesinos productores, seguirá habiendo ocasión para observar el agravamiento del problema migratorio y recordar adaptaciones ideológicas del neoliberalismo que una vez más demuestra su ineficacia para mejorar los problemas del tercer mundo.
Este artículo apareció originalmente publicado en el diario La Opinión de Los Angeles, el 15 de diciembre del 2002
7/9/07
Las Utopías (Fábula)

Las Utopías*
Antonieta Mercado
San Diego, CA
Agosto 9 2007
Estaban dos utopías viendo hacia el horizonte, una, la romántica, veía en las puestas de sol la oportunidad de inspirar sueños de grandeza, de revivir esperanzas, de caldear ánimos de combate y preservación de honores añejos. La otra, de carácter realista no adjudicaba especiales atributos a las puestas de sol, eran para ella, sí, un espectáculo de la naturaleza en el cual la estética brillante de los rayos solares, le daba la oportunidad de concentrarse en los colores de la tarde y al final, ir tranquilamente, con los planes del siguiente día, a la cama. En eso, la utopía romántica le dijo a la realista: "necesitamos imbuir sueños épicos, esperanzas trascendentes que muevan cielo, tierra y universo cuando surjan, que la gente aspire a las más aventuradas ensoñaciones. Perder la razón o la vida por el amor a la mujer, a la patria o a cualquier otra cosa. Necesitamos batallas y rituales, generales con uniformes y doncellas esperándoles volver orgullosos del triunfo, o envueltos en el lábaro patrio vía al descanso eterno ganado con el honor de la justa. Muerte por convicción, épicas batallas con sus correspondientes rituales de glorificación. Estamos cortos de sueños y los que se podían conseguir en los mass media, poco a poco han menguado su significado."
La utopía realista le dijo: "no me tome el pelo. Lo que verdaderamente necesitamos es un plan de acción razonable, un modelo de desarrollo ecuánime y mesurado, no sus sueños de grandeza que solo han traído infortunios y desilusiones. Necesitamos administrar acciones, balancear presupuestos, reparar daños. Hacer un plan para el progreso gradual. Este plan contará con medidas para reprimir los sueños de grandeza, los deseos de adoración y narcisismo. Además, como una prueba de nuestro compromiso con la mesura, proponemos la eliminación de los pedestales."
En esas estaban cuando llegó un sueño inoportuno y las increpó: ¿qué van a hacer ustedes por la humanidad? Las utopías han dejado de estar a la moda. Ya no se venden ni en barata. La gente simplemente ha dejado de creerlas. Han perdido su atractivo. Ni el dictador más fuera de sí propondría ahora una utopía cien por ciento romántica. Y en cuanto a ti realista, ni siquiera el director del Banco Mundial se atrevería a administrar un modelo falto de grandilocuencia. Seguiremos alternando entre las dos, pero no se llamarán utopías nunca más. La última utopía totalizadora se produjo en la Unión Soviética, y miren lo que pasó después: Stalin se encargó de borrar a los utópicos de las fotos poco a poco, a medida de que los eliminaba del mapa también."
Las dos utopías se miraron fijamente, ante la contundencia del sueño inoportuno, aceptaron su condición transitoria y su contexto contemporáneo de anquilosamiento. Una vez aliviadas de la carga de inspirar proyectos de vida y muerte, las utopías decidieron invertir sus pensiones de retiro en la bolsa. Contentas las dos adquirieron acciones en The Happiest Place on Earth para ver, por lo menos, algunos de sus anteriores sueños llevados a la práctica aunque fuera en maqueta. La inversión tuvo mucho éxito y las utopías se retiraron millonarias a vivir una vida disipada.
* Fábula inspirada en el Catecismo para Indios Remisos de Carlos Monsiváis.
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