6/3/10

La Mentalidad Colonial en México


La mentalidad colonial en México
Antonieta Mercado
Revista Trimestral binacional El Tequio
Mayo 2010

“Todo coloniaje envilece tanto al colonizador como al colonizado… Mientras México no liquide el colonialismo, tanto el extranjero como el que algunos mexicanos ejercen sobre y contra millones de mexicanos, la conquista seguirá siendo nuestra trampa y pesadilla histórica”
(Carlos Fuentes, introducción a Todos los gatos son pardos).

En el México del siglo XXI, pese a la recién estrenada transición democrática, hay pocas oportunidades de movilidad social respecto a otros países del mundo. Las posibilidades de cambiar de una clase social a otra son limitadas en gran parte por el lugar en que se nace inicialmente en la escala social. Al igual que en la época colonial, en que el mérito personal no contaba tanto como el lugar en donde uno nacía, hoy en día una persona que nace en la clase baja, carecerá de acceso a las redes sociales y a los recursos institucionales de la clase media y media alta, como acceso a la educación y a ciertas ocupaciones que requieren de particulares conexiones o recursos. En caso de que se tengan estos contactos, es altamente probable que se establezcan relaciones de subordinación difíciles de superar, si es que no se viene del mismo círculo social.
De acuerdo con datos de la fundación Espinosa Rugarcía, quienes se dedican al estudio de la pobreza y avance social en distintas partes del mundo, en México, el 48 por ciento de los hijos que nacieron de personas en la pobreza, permanecen en ella sin oportunidades para avanzar. De igual manera, 60 por ciento de los hijos de las personas que se posicionaron en el quintil más alto de la escala socioeconómica, permanecieron en ésta. Si se nace en la clase alta en México, la posibilidad de descender es curiosamente mínima o casi nula. En Chile por ejemplo, solamente 34 por ciento de las personas que nacieron en la pobreza, permanecen en ella, y existe una cierta probabilidad de que el cinco por ciento de la gente que nació en la riqueza, baje de nivel social si no mantiene su capital; no así en México, en donde ni se sale ni se entra a una clase social de manera fácil.
Estos datos invitan a preguntarse ¿por qué la pobreza y la riqueza se reproducen a sí mismas y hay tan poca permeabilidad en las clases sociales en México?
A la par con las escasas oportunidades estructurales, existen también la cultura de la discriminación, traducida en los comportamientos discriminatorios que van desde las distinciones racial, por clase y género en todas las escalas sociales. Esta “cadena de agravios discriminatorios” se producen de una clase a otra y entre miembros de los grupos menos favorecidos también. Las élites, generalmente establecen el ejemplo pautas para las actitudes del grueso de la población. Estas pautas se transmiten por los medios masivos de comunicación que en México están ultra concentrados en unas cuantas manos, limitando así la diversidad de ideas en la esfera pública.
Estos comportamientos van desde el trato déspota a personas que “trabajan con las manos” o que prestan algún servicio, hasta la humillación y la burla por los gustos estéticos de las clases bajas, los indígenas o los “morenitos”. Este comportamiento elitista, sí tiene mucho de colonial, puesto que implica una natural estratificación no precisamente basada en el mérito personal, sino en el hecho de nacer entre “la gente bien” o de “buena familia”. Al igual que en la colonia, en donde la posición social era hereditaria y las castas se regían por costumbres y leyes muy rígidas, en nuestros tiempos, estos comportamientos se siguen encontrando en la cultura y en la sociedad.
Las ideas del “comportamiento de élite”  y las escasas oportunidades reales de avance socioeconómico provocan que en México las manifestaciones de racismo y clasismo sean un continuo. Esto quiere decir, que no solamente existen comportamientos discriminatorios de clase, sino entre los miembros de una misma clase, que quizá quieran imitar a las élites, traidicionalmente criollas (si no en bienes materiales o en movilidad social real) sí en actitudes de desprecio a los que se perciben como menos. 
Así es que, si se percibe que para demostrar movilidad social en México, es menester “ordenar” a alguien, o tratar a un grupo de gente como servidumbre esto se hará, aun cuando los displicentes pertenezcan al mismo nivel socioeconómico, racial o étnico que los “despreciables”. ¿Las razones de la discriminación?  Tratar de aparentar que se pertenece a otra clase social, comportarse como esta clase social y procurarse una percibida movilidad social, un distanciamiento de lo “ordinario” o “naco” y una entrada, aunque ficticia y simbólica, a otro estrato.
En alguna ocasión una amiga rubia que creció en México en la clase alta me dijo: “yo en México nunca busqué trabajo, todos me los ofrecieron.” Ella creció con ciertas conexiones a la clase media alta, a través de sus padres. Este comentario me hizo pensar en la idea de que para que le ofrezcan a uno trabajo, debe de estar uno colocado en el lugar ideal, cerca de donde se generan oportunidades y de las redes que las difunden. ¿qué pasa entonces a la gente a la que nunca le ofrecen trabajo? La cadena sigue así.
¿A dónde nos lleva esta mentalidad colonial que asume que ya todo esta decidido por suerte de nacimiento? Pues a problemas serios de toma de decisiones y a expectativas de superación irreales y poco productivas. Las políticas contra la pobreza son generalmente asistencialistas, con un sentido profundo de desprecio o superflua compasión por el pobre, pero no el deseo de que algún día se llegue a la igualdad.  La narrativa Mexicana de “superación personal” no es realista, o por lo menos no está basada en el mérito, sino en las conexiones. En México se aspira a hacer trampa, ganar escabulléndose, trepando, o a través de amistades. ¿por qué? Porque se percibe que así llegaron los que están arriba en las élites económicas, políticas, sociales e intelectuales.
Con esta cultura, las pocas narrativas de superación personal que quedan en México están conectadas a emigrar  “al otro lado” y poder mandar dólares a la familia, o de quedarse en territorio nacional ingresar al crimen organizado. La economía informal tal como el comercio ambulante, fue en su tiempo también una válvula de escape, y representó una narrativa de supervivencia, aunque no de superación. Pero desafortunadamente no lo es más, puesto que también a este sector lo han afectado las crisis económicas.  En los últimos años, las “hazañas” que cuentan los narco corridos, dan cuenta de que las oportunidades de una verdadera movilidad social por la vía honesta, son pocas. La migración y el narcotráfico han sido dos de los grandes promotores, en donde la movilidad social no solamente es con la actitud, sino que se traduce en mejoría material, pero a un elevado costo individual y colectivo.
Antonieta Mercado es candidata al doctorado en comunicación por la Universidad de California en San Diego.

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