8/26/14

Papá Cronopio: Los 100 años de Julio Cortázar

Hoy haciendo una búsqueda de trabajo en google me encontré con este doodle festejando a Julio Cortázar, el cronopio del surrealismo literario latinoamericano. Cortázar dejó una obra monumental y entre sus grandes aportaciones está Rayuela, una novela emblemática del boom Latinoamericano.  Sin embargo, la invención audaz del "cronopio" lo ha puesto cerca del imaginario de los que nos inspiramos con las simples cosas cotidianas. Los cronopios no esperan los grandes sucesos para ser felices, sino que le sacan jugo al vivir diario y sufren cuando toca sufrir. La idea cortazariana es que los cronopios son como Julio mismo era: seres despreocupados que se dedicaban a disfrutar de la vida y abrazar la existencia propia y ajena. Los famas, némesis de los cronopios, son aquellos personajes que tienen que controlar la vida para sentirse que les sale bien. No disfrutan el momento, porque viven ansiosos por el futuro, por la apariencia, por la plata, la fama, lo que piensen los demás y que la vida no solamente les salga bien, sino que se vea bien a los ojos de los demás (hey, habitantes del Facebook). Así es que los famas siempre planean, monitorean y juzgan, sobre todo a los cronopios, que son seres que los famas no aguantan. Las esperanzas son anómalas y en realidad una añadidura chusca al binomio cronopio-fama. Pero desde luego, los famas necesitaban a alguien a quien dirigir sus caridades, así que las esperanzas les vienen perfectas porque son temerosas, descuidadas, necesitadas de protección, pero en el fondo buenas y como el mismo Julio lo dijo, un poco tontas. Los cronopios no pueden nunca ser depositarios de la caridad de los famas, ya que para cualquier cronopio la vida es bella tal cual es, con sus ratos buenos y sus ratos malos. Después de todo, belleza no quiere decir felicidad. 

Bien por Google y por recordarme de este fantástico y lúdico mundo cortazariano, que tanto me hizo disfrutar en lecturas juveniles.  A cien años del natalicio de papá cronopio, aquí una de sus historias.


Viajes 
Julio Cortázar (Historias de Cronopios y Famas, 1962)

Cuando los famas salen de viaje, sus costumbres al pernoctar en una ciudad son las siguientes: Un fama va al hotel y averigua cautelosamente los precios, la calidad de las sábanas y el color de las alfombras. El segundo se translada a la comisaría y labra un acta declarando los muebles e inmuebles de los tres, así como el inventario del contenido de sus valijas. El tercer fama va al hospital y copia las listas de los médicos de guardia y sus especialidades. Terminadas estas diligencias, los viajeros se reúnen en la plaza mayor de la ciudad, se comunican sus observaciones, y entran en el café a beber un aperitivo. Pero antes se toman de las manos y danzan en ronda. Esta danza recibe el nombre de "Alegría de los famas". Cuando los cronopios van de viaje, encuentran los hoteles llenos, los trenes ya se han marchado, llueve a gritos, y los taxis no quieren llevarlos o les cobran precios altísimos. Los cronopios no se desaniman porque creen firmemente que estas cosas les ocurren a todos, y a la hora de dormir se dicen unos a otros: "La hermosa ciudad, la hermosísima ciudad". Y sueñan toda la noche que en la ciudad hay grandes fiestas y que ellos están invitados. Al otro día se levantan contentísimos, y así es como viajan los cronopios. Las esperanzas, sedentarias, se dejan viajar por las cosas y los hombres, y son como las estatuas que hay que ir a ver porque ellas no se molestan. 

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