10/11/09

Vuelvo a escribir

Tenía mucho tiempo sin escribir. Este verano fue un tanto extraño, con un par de sorpresas poco amables, y con mucho trabajo y responsabilidades; a la par de que la zozobra por la crisis económica y los recortes presupuestales en la educación pública en California pesan sobre cada uno de los empleados, estudiantes o participantes en este sistema que ahora parece un castillo de naipes a punto de colapsarse. El verano transcurrió un poco entre preparar la clase de Comunicación como Fuerza social (primera clase que imparto como titular en EUA), terminar un book review, iniciar mi trabajo de campo en serio y preparar el viaje a México, mitad trabajo, mitad familia, mitad amigos (uy, ya van tres mitades!). No sé ni por dónde empezar. El viaje a México muy bien, fue interesante, emotivo, divertido y cansado (todo al mismo tiempo y en etapas). 

Ví a amigos que no había visto en años, conocí nuevos amigos, al tiempo que nuevos lugares, bellos e interesantes. Tomé muchas fotos, aunque no tan buenas como las hubiera deseado (en fin, no todo sale bien en la vida). El viaje por la Mixteca alta de Oaxaca fue maravilloso. Aunque Rosi y Noé (mis anfitriones en Oaxaca) me habían advertido de tener cuidado con tantísimas curvas. Después de seis horas de curvas por fin llegamos mi hermana, mi sobrina y yo a Juxtlahuaca, un hermoso poblado erigido entre montañas de piedra roja. Cuando me bajé de la van en Juxtlahuaca, mi cuerpo quería seguir moviéndose al ritmo de las curvas del camino, y fue cuando en verdad me sentí mareada.  Visitar Oaxaca es un viaje a sus más recónditos sabores (los siete moles, los chapulines, el glorioso mole negro, la hoja santa, los dulces de nanche y chilacayote), olores (mañana fresca, tierra mojada, café y chocolate en agua), colores: sus inacabables textiles, alebrijes, tapetes pintados con cochinilla, y sus inacabables muestras artísticas por cualquier lado que la mirada se pose y gente: gente amable, ceremoniosa, festiva, cálida. Por supuesto, también la mirada observa pobreza y necesidad. Pero no voy a ahondar en eso por ahora. 

México es maravilloso, pero entrados algunos meses en la crisis económica mundial, se siente ya la presión en las economías domésticas. Después de mi viaje decembrino, en donde todavía mucha gente no sentía lo pesado de la crisis, ví con tristeza que muchos negocios habían quebrado (especialmente galerías de arte y restaurantes en Oaxaca), tiendas de muebles y otros negocios en el DF. También me pareció ver más gente en la calle, en ocupaciones informales. Muchos más vendedores en el metro, fakires citadinos con bolsas de vidrios rotos y heridas en la espalda, limpiaparabrisas, viene viene, y "todo le cuesta diez pesos". Encontré a mucha gente a disgusto con la situación del país, con la falta de empleo e inseguridad. Este disgusto es mucho más marcado que en otras épocas y se siente mucho más a flor de piel. 

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