9/9/10

Retruécanos Morales del Patriarcado: Los Bacha-Bazi o “niños juguete” de Afganistán

Por Antonieta Mercado ©

Hace algunos meses la televisión pública de Estados Unidos, PBS, exhibió un documental producido por Najibullah Quraishi y Jamie Doran sobre los llamados Bacha Bazi, o “niños juguete” de Afganistán. Los Bacha Bazi son niños entre 9 y 18 años, pero algunos incluso más pequeños que, vestidos de mujer, bailan para una audiencia compuesta de hombres mayores. Una vez que el Bacha Bazi termina su bailable, se retirará con alguno de los miembros de su audiencia para practicar sexo con él a cambio de un pago, que probablemente se realizará al dueño o “protector” del muchacho, no a él.
Quraishi logró las entrevistas con hombres que pagan o regentean a los Bacha-Bazi, y filmó muchas escenas con los “niños juguete” diciéndoles a sus “protectores” que estaba investigando una práctica similar que se lleva a cabo en Europa. Quraishi hizo parecer que su reportaje se encaminaba más hacia una revista de estilo de vida, y no a un periodismo de investigación y denuncia, así que logró el acceso a esta cerrada comunidad.

Muchos atribuyen esta costumbre al endurecimiento de las leyes dictadas por la religión que obligan a ocultar a las mujeres tras oscuros trajes que las cubren de cabeza a pies. En el reportaje un hombre declara que es imposible ver a una mujer sino hasta después de que se contrae matrimonio (previamente arreglado por las familias), “la belleza de los muchachos ---continúa---se puede apreciar más fácilmente que la de las mujeres a las cuales no podemos ver nunca.”

El Bacha-Bazi es una costumbre prohibida en Afganistán y especialmente prohibida durante el régimen Talibán. Sin embargo, muchos que la practican dicen que es una práctica ancestral y “tradicional” que nunca se ha dejado de hacer, incluyendo también a Pakistán en donde se dice que muchos camioneros que pasan tiempo fuera de sus casas, acostumbran contratar los servicios sexuales de jóvenes varones.

Los varones que acostumbran pagar a algún muchacho para practicar sexo, no parecen tener ningún empacho moral en admitir su conducta, al contrario, se ha convertido en los últimos tiempos, una actividad para presumir a los amigos. Ser el protector de un Bacha-Bazi otorga cierto prestigio entre los hombres exitosos de Afganistán. Algunos incluso han pensado en llevar al muchacho a vivir a sus casas, al fin y al cabo las esposas no tienen voz ni voto en sus asuntos.

Los hombres explican que tener sexo con muchachos “no es una costumbre homosexual, porque no están enamorados de ellos”.

Otros lo califican de un pasatiempo, como lo dijo un afgano cuarentón entrevistado por Rustam Qobil, un periodista de la BBC para una nota reciente sobre este fenómeno: “ A algunas personas les gustan las peleas de perros, a otros las peleas de gallos. Todos tienen su ‘hobby’ para mi es bacha-bazi.”



Esta costumbre en Afganistán y las reacciones de los hombres que la practican demuestran hasta dónde pueden llegar las justificaciones morales del patriarcado para sostener las peores expresiones de hipermasculinidad, como la dominación y la violencia física, sexual y emocional sobre miembros más débiles de la comunidad. Las actividades sexuales con otros hombres no les restan hombría porque ellos son los que dominan siempre, ellos vejan, ellos admiran, ellos componen cantos a los muchachos, ellos llevan la batuta.

La mayor parte del tiempo, estos malabares justificatorios se emplean para validar el llano abuso contra los más desprotegidos en este caso las mujeres, los niños y niñas. “No nos enamoramos de ellos” o igualar este gusto a peleas de perros o de gallos implica también que no hay una gran consideración ni respeto por su humanidad. "Son muchachos, pronto se les va a olvidar" acota otro hombre en el documental de Frontline.

En sociedades más igualitarias, en donde los hombres homosexuales pueden vivir su sexualidad con mayor libertad ya que se han opuesto a esta hipocresía de la opresiva moral patriarcal, generalmente buscan relaciones de iguales con otros hombres. Esto implica situaciones de respeto, cortejos y encuentros en planos de igualdad, en donde cada miembro de la pareja decide si se enfrasca o no en una relación con el otro. Los hombres, heterosexuales en su mayoría, que practican el abuso a menores y mujeres, y que proclaman ser los guardianes de la virilidad o de la moral de sus sociedades, no tienen la menor intención de buscar relaciones de igualdad, sino de autosatisfacción, por medio del uso de otras personas como objetos para pasar el tiempo, mismos que luego son fácilmente desechados.


Para estos hombres el sexo está ligado al placer, por supuesto, pero también al poder y a la dominación. No hay Bachi-Bazi mayor de 18 años, puesto que al crecer, los jóvenes dejan de ser atractivos para los varones afganos. A su vez, la gran mayoría de los "niños juguete" son pobres y no se dedican a esta actividad porque lo han elegido. Muchos fueron vendidos por la familia al enganchador, quien les dice les enseñará un oficio. La familia termina aceptando porque el pago que el enganchador les da es necesario para continuar viviendo en tiempos difíciles. El oficio que aprenden es entretener con sus bailes, cantos y servicios sexuales a hombres mayores, aunque la mayoría de ellos lo ignora al ser entregado a su “protector”.

Una vez introducidos en el negocio, los jovencitos tienen que trabajar durante los años que pueden resultar atractivos para los hombres que adquieren sus servicios. Si tienen suerte, alguno de ellos los “adoptará” o se volverán famosos y muchos solicitarán sus servicios. No es raro que algunos de estos jóvenes, terminan asesinados ya sea por algún cliente o por sus “protectores” cuando se niegan a someterse y hacer lo que se les ordena.

Cuando se les preguntó sobre su futuro, las “aspiraciones” de algunos de los niños más afortunados eran, según el reportaje, retirarse, y al tener mayor edad ellos también manejar niños y jóvenes que entrenarán para cobrar por sus servicios. Otros más, no querían seguir soportando los malos tratos de esa vida, pero no tenían alternativa. La cadena de abusos se repite cuando los oprimidos anhelan convertirse en opresores, pues es lo único que han aprendido en este mundo.

En Afganistán el trato hacia las mujeres es particularmente severo. En nombre de la salvaguarda de su honor, muchas mujeres son muertas, acusadas de “adulterio” si son violadas, y la burka no ha sido otra cosa más que el ocultamiento físico de sus sufrimientos, su expulsión de la esfera pública y su confinamiento en las mazmorras familiares en las que los hombres toman las decisiones. Muchas niñas son también vendidas o rentadas por un par de años a otras familias para el servicio doméstico, que invariablemente implicará violaciones de carácter sexual y físico.

La prostitución es rampante también y si bien es cierto que no se tiene acceso a mujeres para entablar relaciones de noviazgo, pues esto no es permitido bajo las regulaciones religiosas, el comercio sexual está estratificado, muchas mujeres ejercen la prostitución desde sus casas y la atracción hacia los jóvenes varones es sólo una de las vertientes del tráfico sexual cuyos clientes son hombres.

La conducta hipermasculina de estos hombres, no es un resguardo para los desprotegidos de sus sociedades, sino una amenaza en la que los más débiles son explotados, vejados y humillados en el nombre de la irrisoria “moral”, la cual puede torcerse al antojo de los que detentan el poder para que estos sigan exhibiéndose como sus más celosos guardianes. Curiosamente, estas prácticas vejatorias se llevan a cabo por varones que ostentan la autoridad moral de sus sociedades en el caso de los explotadores de los Bacha-Bazi o de sus congregaciones, en el caso de los sacerdotes católicos, que violan a niños y niñas sin inmutarse, confiando en el silencio de estos y en su propia posición de poder.

Vaya hipócrita y torcida moral del patriarcado.


Más información sobre los “niños juguete” de Afganistán en la BBC
El documental de PBS
http://www.pbs.org/wgbh/pages/frontline/dancingboys/view/

No comments:

There was an error in this gadget